
LA MADRE DEL TODO
El cuerpo, el manto y la memoria de la luz
La madre del todo (2026), perteneciente a Kaus Moon, reúne las imágenes de la madre, la diosa, la Virgen y la naturaleza creadora en una presencia velada entre la Tierra y la Luna. Su manto transparente dialoga con la memoria de las imágenes marianas y con la relación entre cuerpo y cielo que evoca el manto estrellado de la Virgen de Guadalupe.
La pieza parte de una fotografía transformada mediante arte digital, impresa sobre lienzo e intervenida con óleo, polvo de oro, resinas y pintura fotoluminiscente. Una media esfera escultórica de acero incorpora el reflejo del espectador. La obra prolonga el estudio de seres desarrollado por Adrián Gómez y abre una nueva investigación sobre creación, alma, pertenencia y luz.



LA MADRE DEL TODO
2026
Técnica Mixta.
90 × 135 cm
Colección Kaus Moon
Arte digital a partir de fotografía de autor, impreso sobre lienzo e intervenido manualmente con óleo, polvo de oro, resinas y pintura fotoluminiscente. Incorpora una media esfera escultórica de acero con acabado reflectante, adherida a la superficie.
La pieza integra fotografía, creación digital, pintura y escultura. Su superficie fotoluminiscente permite una segunda experiencia de la imagen en la oscuridad, mientras el elemento reflectante incorpora la presencia del espectador.

LA MADRE DEL TODO
Materia, reflejo y permanencia
Una presencia velada atraviesa la oscuridad. Su manto se prolonga entre la Tierra y la Luna, deshaciéndose en filamentos que recuerdan membranas, corrientes y tejidos suspendidos. En La madre del todo, Adrián Gómez da forma a una intuición de lo divino que reúne a la madre, la diosa, la Virgen y la naturaleza creadora. El rostro permanece oculto: el origen conserva una zona que la mirada no alcanza a poseer.
Perteneciente a Kaus Moon, la pieza continúa el estudio de seres que el artista ha desarrollado en distintas colecciones y marca el inicio de una nueva investigación. La presencia femenina concentra aquí preguntas sobre la creación, el alma y la pertenencia, mientras la materialidad de la obra interroga cómo hacer visible aquello que carece de un cuerpo definido.
Su construcción comienza con una sesión fotográfica. El cuerpo de una modelo, envuelto en plástico transparente, ofrece una primera forma a esa búsqueda. A partir de la fotografía, Gómez desarrolla una creación digital que transforma la figura, su escala y el espacio que habita. La impresión sobre lienzo recibe después intervenciones manuales en óleo, polvo de oro, resinas y pintura fotoluminiscente. Cada procedimiento modifica el anterior y deja su propia huella: registro, imaginación, pigmento, reflejo y relieve conviven sobre una misma superficie.
La transparencia constituye un vínculo entre estas etapas. Nace del plástico fotografiado, se transforma en el manto digital y adquiere nuevas profundidades mediante la intervención material. El cuerpo parece oscilar entre aparición y disolución. Sus límites se vuelven permeables, como si aquello que lo rodea también pudiera atravesarlo.
La Tierra y la Luna sitúan a la figura en una dimensión cósmica. La esfera representada, donde reaparecen la presencia y los astros, sugiere un universo contenido dentro de otro. A esta imagen se suma una media esfera de acero adherida al lienzo. Su condición escultórica y reflectante introduce el espacio del espectador en la obra: quien se aproxima encuentra su propia imagen entre los elementos de la composición.
El polvo de oro y las resinas responden a la iluminación exterior; la pintura fotoluminiscente prolonga la experiencia cuando esa iluminación se retira. La obra se manifiesta así mediante distintas formas de luz: la representada, la reflejada y la emitida por su superficie. Para conocerla, es necesario acompañar sus cambios.
La madre del todo reúne un cuerpo fotografiado, una presencia digital y una superficie trabajada a mano. En esa convivencia, la imagen adquiere espesor y tiempo. Frente a ella, el espectador participa de una pregunta que permanece abierta: qué nos sostiene, qué queda de nosotros y cómo reconocer nuestra existencia dentro de una inmensidad que nos precede.



LOS SERES QUE NOS PRECEDEN
A lo largo de distintas colecciones, Adrián Gómez ha desarrollado seres que le permiten explorar relaciones entre naturaleza, memoria, espiritualidad y futuros posibles. Estas presencias forman parte de una investigación sostenida sobre la capacidad de la figura para habitar aquello que permanece fuera de nuestra experiencia inmediata.
La madre del todo nace de ese recorrido y abre una nueva etapa. La atención se concentra en la presencia femenina como imagen del origen: una fuerza que contiene, da vida y transforma. La madre, la diosa, la Luna y las vírgenes se encuentran dentro del imaginario personal del artista y orientan su búsqueda hacia una dimensión cósmica de la creación.
La pieza introduce también preguntas sobre la manera en que el espectador puede pertenecer a ese universo. El espejo incorpora su cuerpo; la transparencia hace inestables los límites de la figura; la fotoluminiscencia modifica lo que puede verse. La investigación se desarrolla tanto en los símbolos como en las condiciones materiales del encuentro.
Esta obra funciona como un umbral. Conserva la memoria de los seres anteriores y abre posibilidades para estudiar el manto como territorio, el cuerpo como lugar de creación y la luz como una presencia que atraviesa distintos estados de la materia.
TRANSPARENCIA, PIEDRA Y MEMORIA DE LA LUZ
En mi obra regreso a la transparencia del plástico, a las superficies que parecen piedra, a los reflejos y a la luz que permanece durante un tiempo en la oscuridad. En esas cualidades encuentro maneras de pensar el alma, la memoria y nuestra relación con el tiempo.
La transparencia me permite ver sin llegar a poseer por completo lo que miro. Un cuerpo envuelto permanece presente, aunque sus límites cambian. Los pliegues introducen distancia y la luz transforma su apariencia. Allí encuentro una forma de acercarme a lo invisible: a aquello que sentimos en una presencia y que excede lo que nuestros ojos pueden reconocer.
Lo que parece piedra me conduce hacia el sedimento, la huella y la duración. Pienso en la materia que atraviesa distintas épocas y en las superficies que parecen guardar algo de lo ocurrido. Frente a esa aparente quietud, la transparencia introduce movimiento. Trabajo entre ambas condiciones: el deseo de permanecer y la necesidad de transformarnos.
Cuando imagino cuadros eternos, pienso en la posibilidad de que una obra siga produciendo encuentros más allá de mi propia existencia. Es un deseo que confío a la materia, una pregunta que dejo abierta para otras miradas.
La luz participa de esa búsqueda. Se refleja en el metal, atraviesa las transparencias y revela diferencias en las superficies. En los materiales fotoluminiscentes, permanece un tiempo después de haber sido recibida. Esa persistencia me habla de memoria: algo ha tocado la materia y todavía deja una señal.

DE LA FOTOGRAFÍA A LA MATERIA
La madre del todo se construye mediante un recorrido que integra fotografía, arte digital, impresión, pintura y escultura. Cada técnica transforma las posibilidades de la anterior y aporta una forma distinta de experimentar la imagen.
La fotografía constituye el punto de partida. Adrián Gómez concibe y dirige una escena donde el cuerpo de la modelo, el plástico transparente y la iluminación establecen las primeras relaciones visuales. Ese registro se convierte en la materia inicial de una creación digital.
En el espacio digital, el artista desarrolla la composición: transforma la figura, modifica su escala, prolonga los movimientos del manto e incorpora la Tierra, la Luna y las formas esféricas. Allí construye la atmósfera y las relaciones entre los elementos que definen el universo de la obra.
La impresión sobre lienzo abre una nueva etapa. La imagen recibe retoques manuales en óleo e intervenciones con polvo de oro, resinas y pintura fotoluminiscente. La mano vuelve sobre lo creado digitalmente y añade variaciones de superficie, brillo y profundidad. La materia introduce respuestas a la luz que cambian con las condiciones de observación.
Una media esfera de acero adherida al lienzo incorpora un elemento escultórico. Su volumen prolonga la obra hacia el espacio del espectador y su reflejo convierte el entorno en parte de la composición. La fotoluminiscencia añade una dimensión temporal: después de recibir luz, determinadas zonas continúan siendo visibles en la oscuridad.
La pieza reúne así una imagen construida digitalmente y una superficie intervenida físicamente. Su experiencia completa ocurre en el encuentro con el objeto, donde el relieve, el reflejo, los materiales y la transformación luminosa pueden manifestarse.



En La madre del todo continúo mi estudio de seres que habitan entre el cuerpo, la naturaleza y lo sagrado. La figura velada reúne la presencia de una madre, una virgen y una entidad cósmica. Su rostro permanece oculto porque me interesa ese lugar donde la identidad se abre y cada persona puede reconocer algo de su propio origen.
La obra nace de una fotografía que transformo mediante el arte digital y llevo al lienzo. Después intervengo su superficie con óleo, polvo de oro, resinas y materiales fotoluminiscentes. Cada etapa incorpora una forma distinta de trabajar la luz. Las transparencias del manto permiten entrever el cuerpo y, al mismo tiempo, lo vuelven distante, suspendido entre la fragilidad y la permanencia.
La semiesfera metálica adherida a la obra devuelve el reflejo de quien se aproxima. Ese encuentro introduce una presencia viva dentro de la imagen: quien observa también forma parte de ella. En la oscuridad, la pieza revela otra condición y la luz retenida en su materia prolonga su presencia.
Con esta obra inicio una nueva investigación sobre la imagen como cuerpo, refugio y memoria luminosa. Busco dar forma a una pregunta que atraviesa mi trabajo: ¿qué permanece de nosotros cuando todo lo visible comienza a desaparecer?

FOTOGRAFÍA Y DIRECIÓN CREATIVA: ADRIAN GÓMEZ
MODELO: VALENTINA ZAMORA
Todos los derechos reservados.
LA MADRE DEL TODO es una creación original de Adrián Gómez Art. El diseño se encuentra registrado ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR), México. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial, distribución, comunicación pública, transformación o cualquier uso no autorizado de esta obra, en cualquier forma o por cualquier medio, sin la autorización previa y por escrito del titular de los derechos.
© 2026 Adrián Gómez Art.










































