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ÁRBOLES DEL MAÑANA

UNA VISIÓN DEL PORVENIR COSTERO

Los árboles del mañana es una exploración especulativa sobre cómo podría transformarse la costa yucateca dentro de cien años. La serie nace de observar un territorio que respira fragilidad y resistencia al mismo tiempo: dunas que se mueven, manglares que filtran vida y ecosistemas que permanecen en equilibrio a pesar de la presión humana.

Las obras funcionan como organismos posibles que imaginan arquitecturas futuras capaces de convivir con el paisaje en lugar de imponerse sobre él. Este proyecto no predice: propone. No ilustra: advierte. No teme al futuro: lo cuestiona.

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Desde hace más de una década, Adrián Gómez se pregunta cuál será el territorio que los seres humanos habitaremos en el futuro y cuál es su responsabilidad —como artista, diseñador y ser humano— frente a un paisaje que hoy se encuentra en transformación constante. La costa yucateca, con su fragilidad y su resistencia simultáneas, se convierte en el punto de partida de esta reflexión.

“Los “ÁRBOLES” del mañana” es una exploración especulativa sobre cómo podría reconfigurarse el litoral dentro de cien años. La colección imagina un escenario donde la arquitectura deja de imponerse sobre la naturaleza para aprender de ella, dando lugar a organismos vivos que cuidan, protegen y acompañan el ecosistema costero. Estos “ÁRBOLES” no son árboles en un sentido literal, sino edificios vivos que funcionan como sistemas de protección, regeneración y convivencia frente a un territorio que en el presente se deteriora.

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Desde hace más de una década, Adrián Gómez se pregunta cuál será el territorio que los seres humanos habitaremos en el futuro y cuál es su responsabilidad —como artista, diseñador y ser humano— frente a un paisaje que hoy se encuentra en transformación constante. La costa yucateca, con su fragilidad y su resistencia simultáneas, se convierte en el punto de partida de esta reflexión.

“Los “ÁRBOLES” del mañana” es una exploración especulativa sobre cómo podría reconfigurarse el litoral dentro de cien años. La colección imagina un escenario donde la arquitectura deja de imponerse sobre la naturaleza para aprender de ella, dando lugar a organismos vivos que cuidan, protegen y acompañan el ecosistema costero. Estos “ÁRBOLES” no son árboles en un sentido literal, sino edificios vivos que funcionan como sistemas de protección, regeneración y convivencia frente a un territorio que en el presente se deteriora.

La serie se articula a partir de tres tiempos de percepción, tres maneras de mirar un mismo futuro posible.

YO HUMANO

Yo humano es el primer momento. La obra se presenta tal como el ojo humano está acostumbrado a percibir el mundo: una lectura racional, cotidiana y aparentemente completa. Es la mirada desde la que históricamente se ha construido el territorio, pero también una percepción limitada, que evidencia cómo hemos habitado el paisaje desde una lógica de uso y ocupación.

YO INSECTO

Yo insecto propone un cambio de escala y de conciencia. Bajo la luz ultravioleta, la obra revela patrones, trazos y señales invisibles en condiciones normales, emulando la manera en que los insectos perciben su entorno. Este segundo tiempo subraya la importancia fundamental de los insectos en los ecosistemas: polinizadores, orientadores y guardianes silenciosos del equilibrio natural. El paisaje deja de ser imagen y se convierte en sistema de información viva.

YO NATURALEZA

Yo naturaleza es el tercer tiempo y el más profundo. A través de la bioluminiscencia, la obra se activa desde su propia energía, evocando procesos presentes en organismos vivos como el plancton marino, los hongos y ciertas plantas. En este punto, la naturaleza no se observa desde fuera: se manifiesta. La luz aparece como memoria, como pulso y como lenguaje autónomo de un sistema vivo.
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YO HUMANO

YO INSECTO

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YO NATURALEZA

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A través de estos tres tiempos, “los “ÁRBOLES” del mañana” plantean una reflexión sobre el futuro del territorio y sobre la capacidad del ser humano de aprender a ser naturaleza, de reconocerse como parte de ella y no como su opuesto.

 

La colección no busca predecir el futuro, sino abrir una pregunta urgente:

si el mañana exige nuevas formas de vida y de arquitectura,


¿Estamos dispuestos a

aprender a cuidar

aquello que habitamos?

VENTANA COSTERA HACIA LOS "ÁRBOLES DEL MAÑANA

 

DONDE EL HORIZONTE APRENDE A RESPIRAR

Esta obra funciona como una ventana suspendida entre el presente y un futuro posible. El horizonte se abre sobre un paisaje costero donde emergen los “ÁRBOLES” del mañana: organismos arquitectónicos que no imitan a la naturaleza, sino que nacen de haber aprendido a ser parte de ella. No son árboles, sino edificios vivos concebidos para proteger, regenerar y acompañar un territorio hoy amenazado.

La composición articula un ecosistema híbrido donde raíces, estructuras y sistemas energéticos conviven como un solo cuerpo. Los “ÁRBOLES” se elevan desde un suelo en transformación, anclados a una materia que sugiere reciclaje, adaptación y memoria del paisaje. La arquitectura deja de ser objeto para convertirse en organismo: respira, se ramifica y dialoga con el entorno marino y atmosférico.

El cielo, atravesado por nubes flotantes y un cuerpo celeste metálico, introduce una dimensión temporal y cósmica. El tiempo no es lineal, sino suspendido. La escena no describe un momento específico, sino un estado: el instante en que el ser humano comprende que habitar el futuro implica cuidar lo que sostiene la vida.

Este cuadro no representa una utopía tecnológica ni una fantasía naturalista. Propone una síntesis: ciencia y naturaleza entrelazadas, arquitectura y biología colaborando. Los “ÁRBOLES” del mañana aparecen como guardianes del litoral, testigos de un aprendizaje colectivo donde el ser humano deja de dominar el paisaje para integrarse a él.

Más que una imagen del porvenir, la obra plantea una pregunta silenciosa al espectador:
si el futuro exige nuevas formas de habitar,


¿Estamos listos para aprender

a ser naturaleza?

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Ventana costera hacia los “árboles” del mañana
(2026)
Adrian Gómez
Óleo, resinas fotoluminiscentes y elementos escultóricos 
impresos en 3D con biopolímeros de origen vegetal 
(derivados del maíz) sobre lienzo.
90x100 cm

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HORIZONTES DE SAL Y AURORA

Cien años adelante, cuando el mar y la tierra aprendan de nuevo a abrazarse.

La obra propone una visión prospectiva de la costa yucateca a cien años, entendida no como un paisaje en ruina, sino como un territorio resiliente que ha sabido adaptarse al cambio climático. A través de una arquitectura elevada, anfibia y concebida con materiales avanzados y sostenibles, el proyecto imagina edificaciones que funcionan como organismos vivos, capaces de coexistir con los procesos naturales del litoral y aprender de ellos, liberando el suelo para la continuidad de los ecosistemas.

Anclada en la memoria histórica del territorio y en la sabiduría adaptativa de la cultura maya, la obra plantea una reflexión crítica sobre el legado de nuestra civilización. Más allá de una propuesta estética, se presenta como una invitación a la acción colectiva, donde arte, arquitectura, diseño e investigación convergen para cuestionar cómo habitamos el presente y qué huellas deseamos dejar en el futuro, posicionando a Yucatán como un posible referente global de resiliencia y convivencia con el planeta.

Horizontes de Sal y Aurora
(2025)
Técnica mixta Óleo, resinas especiales fotoluminiscentes, maquetas 
y elementos escultóricos IMPRESOS EN FRIBRA DE MAIZ integrados sobre lienzo, 
sal de las salinas de la costa yucateca.
1.20 m x 1.20 m

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Poema

En la orilla donde el tiempo se disuelve,
el mar escribe con espuma los nombres que aún no existen.

Columnas del porvenir se alzan como raíces al cielo,
ancladas en la memoria de manglares y vientos antiguos.


Las salinas guardan el color del alba,
y los flamencos, como centinelas rosados,
trazan círculos sobre aguas que han visto pasar civilizaciones.


Bajo cada piedra hay un eco que nos recuerda
que antes fuimos arena, que antes fuimos ola,
y que el mañana —si lo cuidamos— será más que ruinas.
 
Caminarán niños por puentes de luz,
escucharán cómo canta la arquitectura con la marea,
y en sus manos crecerán semillas de sal y aurora,
porque alguien, cien años antes,
decidió que el futuro podía ser un hogar. 

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Esta obra es una invitación a actuar ahora, a comprender que el futuro no se hereda: se construye. Llama a unir investigación, diseño, políticas públicas y educación para que Yucatán, con su riqueza natural y cultural, sea ejemplo de resiliencia para el mundo. En este horizonte, la costa se vuelve un libro abierto, las torres son guardianas del mañana y los flamencos, testigos  eternos de nuestra capacidad de aprender y adaptarnos.


Que lo que sembremos hoy sea digno de ser recordado.

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